Botas de caminhada e sapatilhas de trail lado a lado num trilho do Caminho de Santiago

Mejor calzado para el Camino de Santiago: ¿botas o zapatillas?

por Daniela Silva25 septiembre 20268 min de lectura

Pocas decisiones pesan tanto en tu experiencia como la elección del calzado. Y es normal que surja la duda: ¿necesito botas de montaña o bastan unas buenas zapatillas? La pregunta es tan habitual que casi todos los peregrinos se la hacen antes de salir.

La verdad es que no existe un único calzado perfecto para todo el mundo. El mejor calzado para el Camino de Santiago es el que se adapta a tus pies, a la ruta que vas a recorrer y a la época del año. Lo que le sirve a un amigo puede no servirte a ti.

En este artículo te vamos a ayudar a decidir con calma. Verás cuándo tienen sentido las botas, cuándo ganan las zapatillas, qué elegir en cada ruta y cómo reducir el riesgo de ampollas a lo largo del recorrido.

Botas y zapatillas de montaña con barro junto a un mojón del Camino de Santiago

Botas o zapatillas: ¿qué usa hoy la mayoría de los peregrinos?

Hace unos años, hacer el Camino con unas pesadas botas de montaña era casi automático. Hoy el panorama ha cambiado: la mayoría de los peregrinos opta por zapatillas ligeras de senderismo o de trail running. Y también hay quien se decanta por las sandalias con calcetines.

La explicación es sencilla. La mayor parte de las etapas discurre por caminos de tierra, pistas, aldeas y tramos de asfalto. No es alta montaña. En estos terrenos, una bota rígida suele ser excesiva y, como pesa mucho, acaba cansando más de lo que protege.

Aun así, «la mayoría» no quiere decir «todos». Hay situaciones en las que la bota sigue siendo la mejor amiga del peregrino (o del caminante, como prefieras).

Cuándo elegir botas de senderismo

Las botas tienen sentido sobre todo cuando el terreno y el clima son más exigentes. Tenlas en cuenta si:

  1. Vas a caminar en otoño o en invierno, con lluvia y barro frecuentes.
  2. Has elegido una ruta de montaña, como el Camino Primitivo o tramos del Camino del Norte.
  3. Tienes los tobillos inestables o antecedentes de torceduras y buscas más sujeción.
  4. Vas a llevar una mochila pesada y quieres más estabilidad.

Las ventajas están claras: más protección, mejor aislamiento y mayor firmeza en suelo irregular o mojado. A cambio, pesan más, dan más calor en verano y exigen un periodo de adaptación antes del viaje.

Si te decides por las botas, elige modelos de trekking ligeros o de caña media en lugar de las botas rígidas de alta montaña. En el Camino, casi nadie necesita una suela tan dura que no flexione.

Cuándo elegir zapatillas

Las zapatillas ligeras o de trail running son, para mucha gente, la opción más cómoda entre la primavera y el otoño. Cada gramo de menos se multiplica por miles de pasos al día, y eso se nota después de varias horas caminando.

Son ideales cuando buscas ligereza, buena ventilación y una buena amortiguación, sobre todo en los tramos largos y en las superficies duras. La contrapartida es que ofrecen menos protección y, sin membrana impermeable, se mojan con facilidad, aunque se secan antes.

Un detalle que marca la diferencia: busca un modelo con suela de trail, con suficiente relieve para agarrarse bien a la tierra húmeda. Las zapatillas de running para asfalto, de suela lisa, resbalan con facilidad en los tramos de tierra batida mojada.

Qué calzado elegir según la ruta

Cada Camino tiene su propio carácter. Elegir pensando en el terreno marca la diferencia:

calzado para el Camino de Santiago

En el Camino Portugués, por ejemplo, el gran enemigo silencioso es el empedrado de las zonas urbanas y de las calzadas antiguas, que castiga la planta del pie etapa tras etapa. Aquí, la comodidad y la amortiguación cuentan más que la protección extrema.

En la variante de la Costa hay además un detalle propio: las largas pasarelas de madera y los tramos junto a la arena de la playa. Son agradables para caminar, pero la arena se mete en el calzado con facilidad, lo que refuerza la importancia de llevar buenos calcetines y unas polainas ligeras, si eres muy sensible.

Lee también: Lista de material para el Camino de Santiago

¿Y el Gore-Tex? ¿Merece la pena?

El Gore-Tex, y las membranas equivalentes de otras marcas, hacen que el calzado sea impermeable. Compensa si caminas en otoño o en invierno, si esperas mucha lluvia o si eliges rutas húmedas del norte de España.

Detalle de un tejido impermeable Gore-Tex

En pleno verano, puede ser contraproducente. Con calor, un calzado demasiado cerrado hace que el pie se recaliente, lo que aumenta el sudor, la fricción y, con ellos, el riesgo de ampollas. Muchas veces, unos pies frescos sufren menos que unos pies empapados en sudor.

Hay además un punto que pocos mencionan: cuando un calzado impermeable se moja por dentro, ya sea por la lluvia que entra por la caña o por un charco más profundo, tarda mucho más en secarse que un calzado ventilado. Valora el clima real de la época en la que vas, no el peor escenario posible.

Calcetines: la mitad de la solución está aquí

Puedes acertar con el calzado y seguir teniendo problemas si te equivocas con los calcetines: son el accesorio más infravalorado del Camino.

Elige calcetines técnicos de secado rápido, de fibra sintética o lana merina, con costuras planas y algo más de grosor en las zonas de roce (talón y punta del pie). El algodón es el material que hay que evitar: retiene la humedad junto a la piel y multiplica la fricción.

Con dos o tres mudas basta. Lava un par al final de cada etapa y ten siempre un par seco reservado para dormir o para emergencias.

Un truco útil es ponerte los calcetines del revés para que las costuras no te hagan daño.

Calcetines técnicos de senderismo junto a unas botas y una mochila en el Camino de Santiago

Qué número elegir

Los pies se hinchan tras horas de marcha y con el calor. Por eso, muchos peregrinos usan medio número, y a veces un número entero, más de lo habitual.

Para probarte bien el calzado:

  1. Pruébatelo al final del día, cuando el pie ya está más dilatado.
  2. Usa los calcetines que vas a llevar en el Camino, no unos calcetines finos cualesquiera.
  3. Comprueba que queda aproximadamente un dedo de espacio por delante, sobre todo pensando en las bajadas.
  4. Camina por una rampa o unas escaleras dentro de la tienda: si el dedo toca delante al bajar, el número se queda corto.

Errores más frecuentes con el calzado

Algunos despistes se repiten año tras año:

  • Estrenar calzado el primer día. Camina al menos entre 80 y 100 km con él antes de salir.
  • Elegir por la estética. Un modelo bonito pero incómodo puede arruinarte el viaje.
  • No hacer caso a la talla. Un calzado que queda justo es la causa más común de uñas negras y ampollas en las puntas de los dedos.
  • No probarlo con la mochila. Caminar con peso cambia la pisada y la forma en que notas el calzado.
  • Llevar un par de repuesto pesado. Unas sandalias o unas chanclas ligeras resuelven el descanso al final del día sin cargar la mochila.

Cómo reducir el riesgo de ampollas

Las ampollas rara vez aparecen por mala suerte. Suelen surgir de la combinación de humedad, fricción, calor y un calzado mal ajustado. Para prevenirlas, apuesta por calcetines técnicos de secado rápido, aplica una crema antirrozaduras en las zonas sensibles y detente en cuanto notes una molestia, en lugar de esperar al final de la etapa.

Otros hábitos sencillos ayudan mucho: descálzate en las pausas para airear los pies, lleva las uñas cortas y ata bien los cordones antes de las bajadas largas, para que el pie no se deslice hacia delante dentro del calzado. Si quieres profundizar, consulta nuestra guía sobre cómo evitar ampollas en el Camino de Santiago.

Conclusión: el mejor calzado es el que olvidas que llevas puesto

Elegir el calzado no consiste en encontrar «las mejores botas del mercado», sino el modelo que mejor se adapta a tus pies, a tu ruta y a la época en la que vas a caminar. En la mayoría de los casos, la comodidad y la ligereza pesan más que una protección excesiva.

El siguiente paso es sencillo: elige pronto, usa el calzado en caminatas de preparación y ajusta lo que haga falta antes de salir. Cuando llegue tu primer día de Camino, el objetivo es casi olvidar que lo llevas puesto. Para completar el equipo, echa también un vistazo a nuestra lista de material para el Camino de Santiago y a la guía sobre qué ropa llevar. Si todavía estás decidiendo el recorrido, te ayudará saber cuánto se tarda en hacer el Camino. Buen Camino.

Preguntas frecuentes

¿Puedo hacer el Camino de Santiago con zapatillas normales?

Puedes, sobre todo en etapas cortas, con tiempo seco y por suelo urbano. Pero unas zapatillas de ciudad tienen poca amortiguación, poco agarre y una suela fina que notas en cada piedra. Durante varios días seguidos, la diferencia con unas zapatillas de montaña es grande.

¿Cuántos pares de calzado debo llevar?

Dos: el par principal para caminar y un par ligero para el final del día, como unas chanclas o unas sandalias de ducha. Un tercer par rara vez compensa el peso.

¿Necesito botas para hacer el Camino Portugués?

En la mayoría de los casos, no. El Camino Portugués, tanto el Central como el de la Costa, discurre sobre todo por caminos fáciles, empedrado y asfalto. Unas zapatillas ligeras con buena amortiguación suelen ser la opción más cómoda, salvo en invierno o en épocas de lluvia persistente.

¿Debo usar bastones de senderismo?

No son obligatorios, pero alivian las rodillas en las bajadas y ayudan a repartir el esfuerzo. Si nunca los has usado, pruébalos antes en las caminatas de preparación: requieren algo de práctica.

¿Cuándo debo comprar el calzado?

Lo ideal es entre dos y tres meses antes de salir. Así tienes tiempo de adaptarlo a tus pies y, si algo no va bien, todavía puedes cambiar de modelo sin prisas.

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