Caminho de terra entre campos verdes e colinas

Lo que uno se lleva consigo

por Daniela Silva9 octubre 20267 min de lectura

Se habla mucho de kilómetros, etapas y albergues. Pero hay una parte de la experiencia del Camino de Santiago que rara vez aparece en las guías: lo que sucede en el interior, durante horas y días de caminata.

Bruno es padre y ya ha llegado a Santiago más de una vez, por diferentes rutas. Dice que cada Camino le dejó algo, y no siempre lo que esperaba.

En esta conversación, dejamos de lado la logística y las distancias para hablar de lo que sucede en nuestro interior: en qué pensamos durante las horas de silencio, qué resolvemos, qué queda sin resolver y qué traemos de vuelta cuando regresamos a nuestra vida cotidiana.

¿Cuántas veces has recorrido el Camino de Santiago y qué rutas has elegido?

Ya he hecho el Camino de Santiago cuatro veces, repartiéndolo entre el Camino Portugués y el Camino Primitivo.

Caballos pastando en una meseta con montañas al fondo.
Foto: Bruno

¿Qué tal fue la primera vez? ¿Qué te hizo irte?

La primera vez fue especial porque hice el Camino desde mi casa en Oporto, siguiendo el Camino Portugués. Fueron unos 250 kilómetros, en 11 días.

Quería entender qué sucedía al pasar varios días simplemente caminando, lejos de la rutina habitual. No me planteé necesariamente una gran pregunta existencial ni busqué una respuesta concreta. Simplemente quería experimentar.

¿Por qué la gente regresa al Camino de Santiago?

Cada vez que regresas, encuentras un Camino de Santiago diferente. No somos exactamente la misma persona, tenemos preocupaciones distintas, estamos en diferentes etapas de la vida. Por lo tanto, aunque el destino sea el mismo, la experiencia nunca es exactamente igual.

¿Hubo algún evento que se desarrollara de forma muy diferente a lo esperado?

El camino nunca es exactamente como lo esperamos. Creo que una de las lecciones más importantes es darnos cuenta de que necesitamos adaptarnos para afrontar cada día.

El esfuerzo requerido puede variar por completo de un día para otro. Depende del clima, de nuestra condición física y de nuestro estado de ánimo. También depende de las personas que encontremos en el camino.

Hay días en que pensamos que vamos a recorrer cierta distancia y nos damos cuenta de que no tiene sentido, y otros días terminamos recorriendo más de lo esperado. También hay días en que una conversación con alguien cambia por completo la experiencia.

Algunos dicen que se puede caminar durante horas sin pensar en nada. ¿Es cierto, o es que la mente nunca descansa?

Hay momentos en que simplemente caminamos y contemplamos el paisaje, sin pensar realmente en nada importante. Pero también surgen pensamientos precisamente porque, por fin, hay espacio para ellos. No diría que el Camino consiste en dejar de pensar, sino más bien en dejar de tener tantas cosas que interrumpan nuestros pensamientos.

¿Qué recuerdas haber pensado durante las distintas etapas? ¿Hubo algún tema recurrente?

Hay una pregunta que surge con frecuencia: ¿las cosas que ocupan mi vida diaria realmente tienen la importancia que les atribuyo cuando miro mi vida desde una perspectiva más amplia?

Porque cuando estamos inmersos en la rutina, todo parece urgente. En el camino, con cierta distancia, algunas de esas preocupaciones pierden importancia.

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¿Alguna vez te has marchado con un problema sin resolver? ¿Conseguiste alguna respuesta?

Empecé con preguntas, pero no creo que el Camino ofrezca respuestas concretas. Ofrece perspectivas.

Estas perspectivas surgen del silencio, la meditación, el tiempo para reflexionar y también de los encuentros que se producen en el camino. A veces, una conversación con alguien que acabamos de conocer nos hace ver un asunto desde una perspectiva completamente diferente.

¿El hecho de ser padre ha cambiado tu forma de vivir el Camino o tu perspectiva sobre él?

Sí. Antes, veía el Camino principalmente como una experiencia individual. Hoy en día, siempre hay una dimensión familiar en mi forma de pensar sobre él.

Ahora valoro aún más el tiempo a solas porque sé que es limitado. Ser padre también me ha hecho comprender que tener un espacio para nosotros mismos no significa necesariamente alejarnos de nuestras responsabilidades. Puede ser una forma de retomarlas con mayor disponibilidad.

¿Qué te ha enseñado el Camino sobre ti mismo que no sabías antes?

Me demostró que tengo más resistencia física y mental de la que creía. Hay momentos en que estamos cansados ​​y pensamos que hemos llegado a nuestro límite, pero seguimos caminando y nos damos cuenta de que, después de todo, aún nos queda energía.

experiencia del Camino de Santiago
Foto: Bruno

Una de las lecciones más importantes que aprendí fue darme cuenta de que no necesito llenar constantemente el silencio. En la vida cotidiana, estamos permanentemente rodeados de estímulos, información, personas, notificaciones y tareas. En el Camino de Santiago, hay largos periodos en los que simplemente caminamos.

Cuando regresas, ¿qué permanece y qué se pierde después de unas semanas?

En los primeros días tras el regreso, se experimenta una claridad que parece muy fácil de mantener. Sabemos qué queremos hacer de forma diferente, comprendemos mejor lo que es importante y tenemos la sensación de que podremos trasladar todo eso a la vida cotidiana.

Entonces la vida comienza a ocupar espacio de nuevo.

¿Qué le dirías a alguien que tiene ganas de ir, pero no sabe por qué?

No necesitas tener una gran crisis, una pregunta existencial ni un objetivo especial. Coge la mochila que tienes en casa, ponte unos zapatos cómodos y empieza mañana. No hay necesidad de esperar el momento ideal.

¿Cuál fue la cosa más inútil (o más ridícula) que llevaste alguna vez en tu mochila?

El primer día de mi primer Camino, llevaba demasiado peso: ropa, comida y accesorios. Aprendí la lección rápidamente: al segundo día, lo dejé todo atrás. Hoy solo llevo una muda de ropa, un lector electrónico y gafas de sol.

La experiencia del Camino de Santiago no se mide únicamente en kilómetros. Como nos muestra Bruno, el Camino rara vez ofrece respuestas fáciles, pero sí algo quizás más valioso: espacio para reflexionar, perspectiva sobre lo que realmente importa y el descubrimiento de que somos más resilientes de lo que creíamos.

También habla con sinceridad sobre el viaje de regreso: la claridad de los primeros días tiende a desvanecerse cuando la rutina vuelve a imponerse. Y quizás sea precisamente por eso que tantos peregrinos regresan.

Si sientes la necesidad de partir, incluso sin saber por qué, sigue el consejo de Bruno: no esperes el momento perfecto. Empieza por planificar la primera etapa, aligera tu mochila y da el primer paso. Al llegar, también puedes solicitar tu Compostela en la Oficina del Peregrino de Santiago, el certificado que acredita que has completado el camino.

Todas las fotografías de este artículo son de Bruno.

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