Caminho de terra que se divide em dois num bosque com nevoeiro

Apagar para volver a encender: Entrevista con Nuno

por Daniela Silva1 octubre 20264 min de lectura

Nuno reparte su tiempo entre la docencia y la gestión de los departamentos de informática de diversos proyectos, dos mundos donde la conectividad es fundamental. Quizás por eso regresa, año tras año, al Camino de Santiago, donde la red más importante es la de las flechas amarillas. Ya ha completado varias rutas y no piensa parar. En esta entrevista, hablamos de tecnología, desconexión, educación y de qué lleva a alguien a regresar siempre al mismo destino por caminos distintos.

¿Cómo comenzó tu historia con el Camino?

Mi primer Camino fue en 2016, cuando recorrí el Camino Portugués Central, desde la Catedral de Oporto hasta Santiago de Compostela. Decidí hacerlo por fe, curiosidad y también por mi pasión de toda la vida por las largas caminatas.

Tecnología en el Camino de Santiago
Fotos: Nuno

Sigue explorando nuevas rutas. ¿Qué le hace volver?

Desde 2016, siempre reservo unos días al año para recorrer el Camino de Santiago, o al menos una parte. Lo que me impulsa a volver es una sensación difícil de explicar, un deseo constante de regresar. Disfruto de la experiencia del Camino y aprovecho esos días y kilómetros para reflexionar sobre mi vida y fortalecer mi relación con Dios.

Trabaja en el sector tecnológico. ¿Puede desconectar durante su trayecto al trabajo? ¿Cómo gestiona su teléfono móvil?

Durante el Camino, solo uso la tecnología para lo esencial: reservar alojamiento, consultar mapas y tomar fotografías. Únicamente al final de cada etapa uso mi teléfono móvil para relajarme un rato y hablar con mi familia.

Un camino de tierra en un bosque y dos cipreses en medio de la niebla.
Fotos: Nuno

¿Qué aplicaciones o herramientas te resultan realmente útiles en el Camino de Santiago y cuáles prefieres no usar?

Las aplicaciones que me resultan más útiles son Booking, para reservar alojamiento, ya que suelo hacerlo paso a paso, y herramientas para planificar rutas como Buen Camino, Maps y Camino Ninja. También destaco AlertCops , la aplicación de la policía española, que permite solicitar asistencia en caso de emergencia.

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¿Planificas el viaje como si fuera un proyecto informático o dejas margen para la improvisación?

Antes de emprender un Camino, investigo a fondo sus características: alojamiento, tipo de terreno, supermercados, transporte y otros aspectos relevantes. Como me gusta caminar entre 30 y 40 kilómetros al día, esta preparación me ayuda a definir objetivos para cada etapa. Sin embargo, siempre dejo margen para imprevistos, ya que pueden surgir durante el camino, como la falta de alojamiento o simplemente que mi cuerpo no responda como esperaba.

¿Qué tienen en común el camino y el aula?

Creo que ambas requieren la capacidad de superar la adversidad, resiliencia e improvisación. Tanto en el Camino como en el aula, surgen desafíos inesperados que obligan a encontrar soluciones y seguir adelante.

¿Has pensado alguna vez en hacer el Camino de Santiago con estudiantes? ¿Qué crees que aprenderían?

Nunca me planteé seriamente esa posibilidad, aunque ya me la habían sugerido. Como siempre hago el Camino sola, porque es un momento muy personal de encuentro con Dios, nunca pensé en organizar un grupo de estudiantes. Aun así, creo que aprenderían a desconectarse más del mundo digital, a escuchar y sentir la naturaleza, a desarrollar la capacidad de esperar, así como a ser más autónomas y resilientes.

Un caracol cruzando una carretera mojada por la lluvia.
Foto: Nuno

De las rutas que has recorrido, ¿cuál le recomendarías a alguien que nunca ha hecho ninguna?

Para principiantes, recomiendo la Ruta Costera Portuguesa. Además de ser una ruta preciosa, es relativamente fácil desde el punto de vista físico.

¿Qué sigue en la lista?

Actualmente estoy estudiando una nueva ruta: el Camino de León de Rosmithal.

¿Cuál fue la cosa más inútil (o más ridícula) que llevaste alguna vez en tu mochila?

En mi primer Camino, llevé una mochila llena de cosas innecesarias. En las siguientes ocho ocasiones, aprendí a viajar más ligera cada vez. Quizás lo más inútil fue una libreta que llevé con la intención de escribir un diario de cada etapa. Al final, volvió a casa tal cual: completamente vacía.

Todas las fotografías de este artículo son de Nuno.

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